Una tragedia sacudió al fútbol mexicano este fin de semana tras el fallecimiento de un aficionado del Club Celaya en una riña entre grupos de animación de Racing de Veracruz y Toros de Celaya, al término de un partido de la Liga Premier MX.
El incidente ocurrió la tarde del sábado 21 de febrero de 2026, en las inmediaciones de la Unidad Deportiva Hugo Sánchez Márquez, en Boca del Río, Veracruz, dejando además varios lesionados y un clima de conmoción entre jugadores, directivas y autoridades.
Tras el pitazo final del encuentro entre Racing de Veracruz y Celaya, grupos de porras de ambos equipos se enfrentaron a golpes, piedras y objetos contundentes en las afueras del estadio, lo que generó pánico entre asistentes y vecinos de la zona. Testigos relataron corridas, gritos y una intensa nube de humo, mientras las fuerzas de seguridad intentaban contener la situación. El caos derivó en al menos un muerto y varios heridos, quienes fueron trasladados de urgencia al Hospital Regional de Boca del Río.
De acuerdo con versiones de medios y comunicados del Club Celaya, la persona fallecida sería un integrante de su grupo de animación, aunque las autoridades aún no han confirmado de manera oficial su identidad ni su edad. El club guanajuatense expresó su más profundo pesar, ofreció acompañamiento a la familia y reiteró su rechazo absoluto a la violencia en los estadios.
La Liga Premier MX, el Racing de Veracruz y el Club Celaya emitieron comunicados condenando los hechos, reiterando su compromiso con la seguridad y anunciando que entregarán todo el material audiovisual disponible a las autoridades para esclarecer la responsabilidad de los involucrados. Por su parte, la alcaldesa de Boca del Río, María Josefina Gamboa, anunció la activación de un operativo conjunto con la Guardia Nacional y la revisión exhaustiva de cámaras de vigilancia, además de evaluar posibles fallas en los protocolos de seguridad del partido.
El caso se suma a una larga lista de episodios de violencia en el fútbol mexicano, y reabre el debate sobre la presencia de grupos de animación extremos, la coordinación entre clubes y autoridades, y la necesidad de reforzar medidas preventivas en torno a los estadios. Mientras las investigaciones continúan, el fútbol mexicano se encuentra en luto, con un llamado claro a la responsabilidad, la civilidad y el respeto entre aficionados.






