León, Guanajuato.- Laura González del Castillo regresó a Guanajuato con la montaña más alta del mundo bajo los pies por tercera vez en su vida. Pero la expedición que ella misma llamó «A la cumbre con Yuri» no era solo una proeza deportiva. Era una promesa. Llevaba consigo las cenizas de su esposo, Yuri Contreras, fallecido hace poco más de un año, para depositarlas en la cumbre del Everest y conmemorar los 30 años de su primer ascenso en 1996.
La travesía duró casi dos meses y estuvo marcada por condiciones extremas: temperaturas de 30 grados bajo cero, vientos intensos y más de diez horas de esfuerzo continuo en el tramo final. Fue la primera vez que Laura enfrentaba una montaña de esa magnitud sin el apoyo de Yuri. El miedo, la duda y la soledad fueron tan presentes como el frío. Sin embargo, a pesar de ser una de las personas de mayor edad en su grupo de siete expedicionistas, fue la primera en alcanzar la cumbre y la primera en regresar, en excelente estado de salud, mientras algunos compañeros tuvieron que ser rescatados.
En la cima, cuando depositó las cenizas de Yuri, algo inesperado sucedió: el viento —que había sido implacable durante todo el ascenso— se detuvo por unos instantes. Para Laura, no fue una coincidencia. Fue la montaña recibiendo a su esposo.
Yendy Cortinas López, directora de la Comisión de Deporte del Estado de Guanajuato, recibió a la alpinista a su regreso a León y no ocultó su emoción. Para ella, el logro de Laura va mucho más allá de una medalla o un récord.
«Laura es una mujer que demuestra que la fortaleza no tiene límite de edad ni de circunstancia. Subir el Everest por tercera vez, y hacerlo cargando un duelo, es un acto de valentía que pocas personas podrían imaginar siquiera. Para nosotros, como institución, es un orgullo enorme y una señal de la calidad humana y deportiva que Guanajuato produce.» dijo la directora de CODE Guanajuato.
Con este ascenso, González del Castillo cierra el capítulo de las grandes alturas. Ahora su mirada apunta hacia otro tipo de cimas: las conferencias motivacionales donde compartirá las lecciones aprendidas en el Himalaya, y el montañismo que seguirá cultivando junto a su hija en montañas de menor altura.
Yuri descansa en la cima más alta del mundo. Laura, de regreso en tierra guanajuatense, continúa su camino.





